Años atrás, cuando la lucha de los asambleístas entrerrianos era considerada importante para la gran prensa nacional, un coro infantil tuvo su minuto de fama al entonar, desde Arroyo Verde y frente a las cámaras de Telefé, un particular villancico navideño que dejó pasmados a todos, periodista del noticiero incluido.
“Papá Noel se va a morir
cuando pase por el río Uruguay”
Fue la demostración cabal de que los niños de Gualeguaychú habían sido lastimosamente afectados por la prédica falaz de los asambleístas y sus acólitos. Engañados en su inocencia, cantaban a viva voz contra las “dioxinas” y anunciaban la muerte “del gordo” cuando “se tire por la chimenea de la papelera”. El orgullo en la mirada de algunos adultos que guiaban a esos inocentes niños mostraba al mundo que detrás de los asambleístas no había ni una lucha ambientalista ni un interés de defender el medio ambiente.
Dos navidades con el puente bloqueado, evitando que conocidos, amigos y familiares puedan reunirse en estas fiestas que, incluso para los que no profesan la religión cristiana, son tan importantes en nuestros países.
Gualeguaychú se hizo conocida, en este último año, por varios problemas de contaminación y depredación de la frágil naturaleza de esa región. Tal como lo anuncian desde hace años los asambleístas, el medio ambiente gualeguaychense comenzó a sufrir, cada vez más, el implacable efecto del desprecio humano por un medio ambiente puro y sano.
No por Botnia. No por la chimenea finlandesa. No por las dioxinas vikingas.
No.
Ciento por ciento tarea de Gualeguaychú, esta zona ha visto como la impunidad, la corrupción y la desidia mostraron que el discurso ecologista de esa ciudad es solo eso: discurso. En los hechos, a esta altura se debería plantear un firme “fuera Gualeguaychú del río Uruguay!” si se quiere evitar la destrucción del frágil ecosistema que es asesinado por esa ciudad, tan desaprensiva como intolerante.
Un parque industrial que sigue contaminando sin control, a más de dos años del mediático anuncio de “la inminente inauguración de la nueva planta de tratamiento de efluentes”. Decenas de miles de aves (y miles de animales de otras especies) envenenadas por agrotóxicos colocados por un inescrupuloso productor rural. Impresionante explosión e incendio de una planta química instalada pocos meses atrás en el Parque Industrial Gualeguaychú. Escuelas rurales afectadas por la fumigación de campos vecinos.
Más de un año ha pasado desde la puesta en marcha de Botnia. Otro carnaval gualeguaychuense se acerca, con una ciudad que ya comienza a vestirse de gala para recibir miles y miles de turistas en el Corsódromo, las termas y el famoso Balneario Ñandubaysal.
“Si Botnia nace, muere Gualeguaychú”, alertaban tiempo atrás los asambleístas.
Y en su primera presentación en La Haya, buscando detener inmediatamente la construcción de Botnia y ENCE, Romina Picolotti lanzaba su “desesperado grito en defensa del silenciado río Uruguay” ante los jueces, diciendo que se requería prevención “frente al INMINENTE e irreversible daño” dado que “la construcción de las plantas de celulosa YA ESTÁ generando serios efectos negativos en el turismo y otras actividades económicas de la región”.
La Haya no creyó las mentiras y falacias presentadas por Argentina y su abogado de británica flema. Por ende, no aceptó el pedido de una medida cautelar para frenar la construcción de Botnia, ya que consideró que Argentina no había probado que existiera un “riesgo inminente”.
Hoy, una catarata de informes técnicos y declaraciones de importantes funcionarios muestran lo que Uruguay –gobierno y pueblo unidos- anunciaron desde un principio: Botnia no viola ninguna norma ambiental, ni local, ni regional ni internacional.
La realidad, la tozuda realidad, volvió a dejar en evidencia que Argentina sigue embarcada en este irracional conflicto solo por sus incoherencias y problemas sociales internos. Un país donde el discurso barato y las frases huecas son la única postura ecologista de la clase política y gran parte de su sociedad.
Dos años de corte de ruta. Dos Navidades bloqueadas por la irracionalidad, la violencia, la ilegalidad y la connivencia entre un grupo xenofóbico y el lobby turístico entrerriano, sumados a lo peor de la clase política argentina.
En estas fechas, y ante la total inacción del gobierno argentino, los uruguayos pedimos, solicitamos y exigimos a los hermanos argentinos respeto, legalidad y, por sobre todo, unión fraterna para evitar que un pequeño grupo de intolerantes siga intentando romper la amistad de dos pueblos hermanos.










